Page 368 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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levantada, en medio de  la casa, jugaban a las
               piedrecitas,  sirviéndose  para ello de pequeñas
               manzanas, de castañas, bellotas dulces, higos
               secos, etc. con que mi tía las obsequiaba para
               que hiciesen compañía a su hijita.


                     Rezaba con ellas el rosario, les aconsejaba
               que no  cometiesen pecados para no ofender a
               Dios Nuestro Señor y no ir al infierno. Algunas
               pasaban  allí  mañanas  y  tardes  casi  enteras,
               parecían sentirse felices junto a ella. Pero
               después de haberse marchado, no se atrevían a
               volver  con  esa  misma  confianza  que  parece
               connatural entre niñas.


                     Unas  veces  iban  a  buscarme  para  que
               entrase  con ellas, otras esperaban junto a la
               casa en la calle a que mi tía o la misma Jacinta
               las llamase y las invitase a entrar. Parecía que
               ella y su compañía les gustaba, pero se sentían
               cohibidas por cierta timidez  o cierto  respeto

               que las mantenía a cierta distancia.

                       Jacinta, ejemplo de virtudes

                     Las  personas  mayores  que  también  la
               visitaban,        mostraban          admiración         por      su
               conducta, siempre igual, paciente, sin la menor

               queja  o  exigencia.  En  la  postura  en  que  la
               madre  la  dejaba,  así  permanecía.  Si  le
               preguntaban si estaba mejor, respondía:



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