Page 108 - Nuestra Señora de Chiquinquirá de La Estrella
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No  deja  de  ser  inquietante  que  nuestra  época,
              llamada  de  la  revolución  de  las  comunicaciones  y del
              predominio  de las redes  sociales,  no disponga de un
              término que nos permita calificar moralmente y castigar
              de manera efectiva el susurro.


                    Y qué no decir de esa injusticia que se llama derisio,
              que  es  el  pecado  de  provocar  el  enrojecimiento  del
              otro por medio de la burla (bullying) y que tanto daño
              psicológico causa en los escolares.

                    Es  muy  importante  que  los  educadores  sepan
              distinguir  entre  la  detracción,  que  consiste  en  acabar
              o por lo menos disminuir la fama del otro, mientras el
              susurro lo que busca es asesinar socialmente, moviendo

              el ánimo de los otros hacia la desconfianza generalizada
              y con el fin de destruir el ambiente de paz hasta que la
              persona socialmente muera.

                     La mejor forma de disolver el susurro y proteger
              la virtud de la amistad en una institución educativa
              es pronunciando con frecuencia el santo nombre de
              Dios, en los saludos que respectivamente ocurren entre
              compañeros  de  estudio,  amigos  o  conocidos  y  de  los
              cuales no debemos avergonzarnos de parecer cristianos.

              Se trata sencillamente de decir al saludar o despedirse:

                             ¡Buenos días! o ¡Dios le (a) guarde!

                    Ciertamente, cuando  damos  los buenos días,
              aunque no mencionamos explícitamente el nombre de
              Dios, se entiende que le pedimos que nos conceda todo
              bien, porque Él es el bien en toda su esencia.




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